Después de ver a Patrick
Bateman saciando su vacío existencial con macabros asesinatos sin justificación
razonable, caí en cuenta de que la diferencia de los ejecutivos de wallstreet
del 2.000 y los actuales ejecutivos que nos llevaron a la crisis financiera, es
ínfima o casi nula y se ve cada día recalcitrada por el egocentrismo y ambición
que en su día expuso Bret Easton Ellis en la novela American Psycho (1991).
Así como la horda
de compradores compulsivos del mundo real, sueñan con la adquisición de bienes
a través de un mundo ficticio llamado sistema financiero, los grandes
ejecutivos del mundo ficticio quieren
sentir y vivir experiencias del mundo real.
Aunque los dos
casos se dan de forma paralela, la gran diferencia es que el primero tiene
grandes expectativas por acudir al mundo financiero y así satisfacer sus
necesidades primarias (En mayor o menor medida), el segundo grupo es más
complejo, pues, debido a su situación socioeconómica y a su contacto de primera
mano con los lujos y excentricidades, el ejecutivo de wallstreet experimenta un
vacío mayor para saciar sus necesidades. La razón es simple, el ejecutivo debe
satisfacer sus necesidades con una carga motivacional mayor, debe experimentar
y sentir realmente cosas que su vida suntuosa y lujuriosa ya no le brindan.
Ahí es donde
aparece el protagonista de esta película, Bateman, que de forma irascible y casi desconcertante
encuentra irritabilidad por la envidia que le despierta la textura y el color
de las tarjetas de presentación de sus colegas, todos vicepresidentes de la
compañía financiera donde trabaja. Frente a este tipo de situaciones tan
superfluas e inverosímiles, como frecuentar un sitio de moda o vestir el mejor
traje de un diseñador, la vanidad trasciende a puntos incontrolables de
angustia, desidia, desazón y discordia, y es el caldo de cultivo para reprimir
sus más oscuros y delirantes deseos.
En conclusión, la película aborda un tema psicosocial llevado al extremo y quizás poco palpable en la vida real -O al menos eso deberíamos pensar para no escandalizarnos- y muestra de la forma más cruel e inhumana, los alcances que pueden tener las relaciones sociales llevadas al limite por personas con esa condición social, estrato y nivel de vida.